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Por: Sinais Villanueva

El norte resbaló hacia el centro, así fue que la circunstancia acomodó sus ángulos para filtrarme a la comunidad más amplia de mujeres capoeiristas con que he tenido el placer de experimentar. El pasado domingo 04 de marzo se realizó la décima roda del “Día Internacional de la Mujer”. Desde una orilla del norte, Tijuana, hasta el área central de la CDMX, se aunó el club a la sede para conmemorar el día mundialmente asignado a la conmemoración por las mujeres.

De inicio, el recibimiento, sabiendo que pertenecíamos a la masiva comunidad, se produjo tenuemente, de saludo en saludo. Pronto las sonrisas y los abrazos se tornaron melodía y refugio de energía. Se expandían las voces y se entrelazaban los coros al ritmo del calentamiento en la clase muestra.

El primer pensamiento rebasaba mi estar ahí: en Tijuana es difícil reunir a una cantidad grande de mujeres capoeiristas, pues mayormente son hombres quienes practican. Por ello, la gratitud de pertenecer a un círculo guiado por mujeres practicantes, provocó la expansión de un sentimiento de fortaleza, donde el liderazgo de ellas requería de cada participante para su preservación, pues aunque la mismísima chispa de su grandeza permanecía constantemente, es sabido que en capoeira la energía se reclama y se conserva por la multitud, es decir, por el círculo entero.

Sembrado el valor de la responsabilidad para clarear y crear esa misma energía de inicio, me propuse la apertura de sentidos para cachar todo el conocimiento desprendido de las participantes, pues me hallo en la idea de reconocer en la acción un hilo previo de experiencia que, al momento de mostrarse, provee de conocimiento. Así, tan genuinamente construido, se pega a las paredes del mundo y desprende su gracia para ser visto. Este conocimiento fue el que me propuse percibir de cada chispazo de a.

Desde la batería hasta el jogo, visualizaba y aprehendía el poder de entrega con la intención de desprenderlo igualmente de mi aura: monitoras, instructoras, profesoras y mestra, cada una exhalando el velo de su personalidad, bordándolo a la circunferencia en que nos hallábamos. Cantos, música, expresión; el aprendizaje y acogimiento más amplio debido a su presencia. Angola, regional, el jogo heredado de Bimba, Iuna, batucada, samba… El movimiento armónico de la capoeira expresado por el conjunto bien lazado de una comunidad de mujeres y hombres, liderado por las primeras, disfrutado y promovido por ambos; esta fue mi experiencia del décimo aniversario de la roda DIM, por el corazón de Longe Do Mar. Ahí se soldó el valor del liderazgo y de fortaleza, establecidos desde la belleza de equidad y participación. Ahí mismo se abrió la posibilidad para forjarme como existente y, más aún, como señal aterrizando del norte, hasta el centro de la realidad, esa donde una cantidad extensa de practicantes capoeiristas tiene la capacidad de embelesar y guiar a una multitud desde el conocimiento y la determinación.

¡Extenuante experiencia!

¡Iêeeee!

 

 

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